martes, 22 de marzo de 2011

JOSÉ CEREIJO







Mencionado por:
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Bio-bibliografía

José Cereijo nació en Redondela (Pontevedra), en 1957. Desde 1968 vive en Madrid. Ha publicado hasta la fecha cuatro libros de poesía: Límites (Colección Melibea, Talavera de la Reina, 1994); Las trampas del tiempo (Hiperión, Madrid, 1999); La amistad silenciosa de la luna, haikus, (Pre-Textos, Valencia, 2003); y Música para sueños, (Pre-Textos, Valencia, 2007) y uno de relatos (Apariencias, Renacimiento, Sevilla, 2005). Ha sido incluido en diversas antologías. Colabora en distintos medios de prensa, tanto escrita como electrónica, en los que ha publicado artículos, reseñas de libros y otros textos literarios. Es también autor de una antología de la poesía de Leopoldo Panero, titulada Memoria del corazón (Renacimiento, Sevilla, 2009).






Poética

Concibo mi poesía como una exploración y un descubrimiento. Me es difícil, por tanto, hablar de ella antes de que, en cada caso, me sea revelada; por alguien que, sin dejar de ser yo mismo, tampoco es del todo ni solamente eso. En cualquier caso, intensidad, hondura y precisión son cualidades que me parecen ciertamente deseables. Con todas ellas, y con otras, hay que operar sobre ese germen que proporciona lo que, siguiendo a JRJ, podemos llamar el instinto, para intentar llevarlo -ese germen, ese punto de partida- a su mejor cumplimiento posible.





Poemas




LA ALONDRA

JULIETA.-¿Quieres marcharte ya? Aún no ha despuntado el día. Era el ruiseñor, y no la alondra, lo que hirió el fondo temeroso de tu oído. Todas las noches canta en aquel granado... ¡Créeme, amor mío, era el ruiseñor!
ROMEO.- Era la alondra, la mensajera de la mañana, no el ruiseñor...


Amar, amar la vida
sin esperanza alguna,
sabiéndola tan frágil, y tan corta.

Saber bien que la alondra
muy pronto va a cantar
(que, en realidad, está cantando siempre),
y amarla todavía, negándose al engaño
de que es el ruiseñor, y largo el tiempo.

Y despedirla luego, cuando raye
en la colina el día
que ya no será nuestro,
con un último beso, más dulce que los otros.

Saber que es para siempre, que ya nada es posible,
y apretar aún la mano final que se nos tiende,
con un amor que es casi gratitud,

y pensar que fue hermoso:

un don digno de un dios, que, aunque no exista,
bien hubiera podido, solamente por eso,
llegar a ser verdad.




NUNCA

Nunca dormí en tus brazos.
Nunca me desperté de madrugada y vi el armario, la ventana, los libros,
o escuché el ruido de las cañerías, los pasos solitarios en la calle,
y pensé, incrédulo, que, puesto que todo aquello era real,
tú también debías serlo.
No supe a qué sabían tus labios, o tu risa.
No te vi desnudarte.
No supe ni sabré jamás cómo tus ojos, en el acto del amor, incendiaban la noche.
Esa ausencia es, lo sé bien, una mutilación irremediable;
es un triste muñón, que llevaré conmigo hasta la muerte.
También es, a su modo, forma y prueba de amor, de lúcido y humillado amor,
de devastado y verdadero amor, que ofrezco a tu recuerdo.






PÁJARO MUERTO

Velado por la muerte,
tu pequeño ojo oscuro me mira todavía,
con algo que no sé si es pregunta o respuesta
o está ya más allá de todo eso.

Has sido entre nosotros
un fugaz visitante:
tan leve que no hacías temblar una rama ligera,
tan leve que es difícil decir, una vez muerto, si has llegado a vivir.

Pero también tus ojos recogieron, no obstante, toda la luz del cielo;
también tu cuerpo breve se estremeció al placer, luchó con el dolor;
en tu pequeña mente floreció, océano de hondura ilimitada,
la gloria incomparable de estar vivo.

Y ahora ya no eres nada:
una pequeña flor de podredumbre,
una idea olvidada en la mente del mundo,
un mínimo despojo que pronto tirarán.

Dime, ¿qué puedo hacer para que no te mueras?
¿Imaginar que guardo cada pequeño rasgo de tu forma graciosa?
¿Suponerte dormido en las manos de un dios que velará tu sueño?
¿Pensar que mi emoción de ahora te rescata?

Una ligera brisa, pasando entre tus plumas, te acaricia en silencio:
no tendrás otro réquiem, pobre pájaro.
La vida ya no tiene nada más para darte: sólo sueño y olvido.
Duerme, tú que no sabes; tú, que ya no preguntas.

6 comentarios:

Javier Díaz Gil dijo...

José Cereijo es un lujo para la poesía española.
Un lujo.
Gracias por tus poemas.

marinero dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
marinero dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
josé cereijo dijo...

El abajo firmante, además de dar las más rendidas gracias al amigo Javier Díaz Gil (cómo se notan, las amistades), declara bajo juramento que él no es lujo ninguno (ya quisiera), sino meramente un hazloquepuedas del verso, y ocasionalmente incluso de la prosa. Y no reconoce darse más lujo (literario) que el de no escribir cuando le parece no tener nada que merezca la pena de ser dicho. Falta saber si cuando escribe sí lo tiene; pero claro, ésa es la gran pregunta.

Y, para que conste, así lo firma y rubrica,

José Cereijo


Añade también, visto el follón que ha organizado él solito, que los comentarios desaparecidos lo han sido porque, al "elegir una identidad", como le pedía el aparato (los carga el diablo), se le ocurrió jugar, mientras se enteraba del proceso, con el alias de "marinero", que alguno utiliza por esos foros de Dios y que una amiga piensa que es uno mismo. Resultado: contra su voluntad, los comentarios salieron con ese alias. "Yo no soy marinero", afirmo; aunque, continuando con la canción, pueda también decir, en honor de mi amiga y si ella quiere, "por ti seré". Pido perdón especialmente al tal "marinero", por si leyera esto, y le juro que fue sin querer, lo de aparecer con su nombre. Los culpables son los duendes de Internet, que, como las meigas, "haberlos, haylos"; y puedo dar fe de ello.

marinero dijo...

Casi me alegro del lío en que, como él dice, se ha metido solo José Cereijo. ¿Quién le mandaba utilizar mi nombre? ¿Utilizo yo el suyo? En fin, esperemos que sea "una y no más". Que yo también puedo, si sigue con sus malas mañas usurpadoras, mandar comentarios a su nombre a donde se me ocurra; y hasta hacer que sean especialmente malvados y mal escritos, para que se fastidie. Por lo demás, enhorabuena por esta publicación, y por las flores que le echan: no se quejará. Pues no insista en hacerse pasar por mí, para que yo tampoco tenga que quejarme.

Ana del Vigo dijo...

dicen por ahí: "la ira es el veneno que uno traga esperando que muera otro" ... ira, envidia...vamos viene a ser lo mismo...pelín tóxico

el poema me parece fascinante